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El ecodiseño de envases como valor estratégico

Cada vez se habla más de ecodiseño, por eso hemos recabado la opinión de una experta que ya ha publicado otros artículos en IDE. Se trata de la doctora Cristina Ventura Esteban, profesora de envase y embalaje y directora del Instituto de Diseño, Innovación y Tecnología de la Universidad CEU, Cardenal Herrera.
Ella nos lo explica en el siguiente artículo.

Los envases en la sociedad de consumo

En nuestra sociedad de consumo existe una preocupación universal por el impacto ambiental que generan los envases y residuos de envases. Cada vez son más los productos agroalimentarios que se envasan y se utiliza mayor cantidad de materiales de envase debido fundamentalmente a los cambios en los hábitos de los consumidores y a los sistemas de distribución comercial.
Desde los organismos oficiales competentes de los países desarrollados se está fomentando el desarrollo y la aplicación de materiales más fácilmente reciclables, con mayores posibilidades de valorización, biodegradables, en definitiva, con menor impaco ambiental.
La Directiva europea 94/62/EEC, así como los trabajos del Comité Europeo de Normalización (CEN/TC 261/SC 4/WG 2) reflejan la preocupación medioambiental existente.
En España la Ley 11/199 de 24 de abril, de Envases y Residuos de Envases dice: “los envases deberán diseñarse, fabricarse y comercializarse d forma tal que se puedan reutilizar o valorizar, incluido el reciclado, y que sus repercusiones en el medio ambiente se reduzcan al mínimo cuando se eliminen los residuos de envases o los restos que queden de las actividades de gestión de residuos de envases.

El sector del envase y embalaje

Si comparamos los primitivos productos envasados a principios del siglo XX con los complejos envases de nuestros días podremos comprobar el espectacular grado de transformación experimentada por la industria del envase y embalaje. Este es un sector con una creciente importancia en la economía española, según el Libro Blanco del Envase y Embalaje (3ª Edición), elaborado por Hispack.
Según el mismo, el mayor número de empresas corresponde al sector de maquinaria, si bien no se trata tanto de fabricantes como de distribuidores. Precisamente la maquinaria supone el 20 por 100 de la facturación del sector. Por su parte, unos dos tercios de la producción del sector y algo más de la mitad de la facturación la aportan el cartón y el plástico. Los envases de vidrio representan el 29 por 100 del total de la producción. Los embalajes de metal y madera alcanzan en conjunto el 13 por 100 de la producción y también de la facturación del sector.
Esta es la parte más visible del sector, al que habría que sumar la actividad de otras casi 3.000 empresas que vinculan parte de su negocio al envase y embalaje, y la fabricación de envases que se realiza en las cadenas de producción de industrias de gran consumo. En tal caso estaríamos frente a un mercado que ronda los 15.000 millones de euros.

Nuevos comportamientos

El mundo actual está marcado por cambios importantes en diversos ámbitos, entre ellos nuevos comportamiento sociales de los usuarios, de nuevos escenarios de consumo, de crecimiento demográfico, de producción limpia hacia la sostenibilidad, que determinan tendencias en el desarrollo y consumo de productos. Los empresarios deben estar concienciados y preparados mediante métodos y herramientas que permitan visualizar y facilitar su desarrollo dando las respuestas que el mercado de hoy y su entorno, cada vez más exigente, requieren.
El sector de los envases y embalajes se ve directamente implicado en este tipo de cambios puesto que su demanda es muy alta y se encuentra en la búsqueda y aplicación de todos estos conceptos y metodologías con el ánimo de generar una verdadera sostenibilidad.
El sistema productivo actual nos exige que todo sea muy rápido y que los cambios sean continuos, por lo que un producto o proceso no puede ser el mero resultado de la experimentación.
La evolución del contexto económico en Europa afecta a los productos de consumo. Las crisis estructural actual como un nuevo elemento del juego, ha aumentado la complejidad del entorno, afectando a todos los eslabones de la cadena de envasado de todo tipo de productos.
Como consecuencia, la actitud del consumidor se polariza entre su carácter individual y el incremento de su sensibilidad por la relación entre el precio que paga y el valor que adquiere. La fuerza central es el cambio que experimenta el consumidor, sus necesidades sus preferencias, la valoración que realiza de aquello que compra, sus hábitos, su capacidad adquisitiva, etc. Son elementos en constante transformación a los que la cadena de valor debe dar una respuesta satisfactoria. Esa es su razón de ser. Los cambios en el perfil del consumidor son cada día más rápidos y se extienden de unos lugares a otros con mayor velocidad. El impacto de esta fuerza en la cadena de valor se incrementa día a día motivando cambios en los envases.

Cambios en los envases

Las tendencias generales en el diseño de envases coinciden con las del sector industrial: ahorro de espacio, facilidad de valorización, envases adaptados a la comida rápida precocinada, envases activos, nuevas unidades de dosificación, nuevos sistemas de apertura y cierre. Sin embargo, la introducción de estas novedades habrá de ir ligada a una buena relación simbólica con el consumidor, de un buen valor añadido, de una buena calidad, confort y sostenibilidad.
El diseño del envase ha de mostrar las ventajas que van a repercutir en el consumidor final.
El envase se ha convertido en un universo en el que abundan lenguajes, símbolos, iconos, experiencias, requerimientos, controles, exigencias… En un mercado en el que el consumidor se ve asaltado por infinidad de estímulos que quieren acaparar su atención. El buen diseño tiene en primer lugar una función diferenciadora. Que el producto se perciba como distinto frente a la competencia equivale a ganar parte de la batalla antes de empezarla y supone una alternativa a reducir el precio. El diseño del envase, por otra parte, incrementa el valor de un producto, ya que añade calidad en diferentes niveles.
Envase y producto constituyen una unidad comercialmente indivisible basada en dos elementos principales: la funcionalidad y el marketing, siendo a menudo el envase más importante que el producto que contiene. El momento concreto para (re)considerar el comportamiento medioambiental de los productos de consumo es durante el proceso de diseño.
Aquí es cuando se toman decisiones respecto a los materiales, procesos de producción, aspectos de la distribución, la manera en que serán utilizados y las posibilidades de eliminación.

El ACV como soporte al ecodiseño

El Análisis del Ciclo de Vida, ACV, se utiliza cada día más. Podemos considerar el diseño del ciclo de vida como la base del ecodiseño.
El ciclo de vida de un producto está compuesto de varias etapas que se siguen una a otra en secuencia lógica. Una vez que el producto ha sido diseñado y producido tiene que ser embalado y distribuido. Cuando el producto no es utilizable se convierte en materia de desecho y entonces es tirado o reciclado en mayor o menor medida.
Lo ideal sería que durante el proceso de diseño el diseñador tuviera en cuanta, en cada punto del proceso de diseño y a la hora de tomar las correspondientes decisiones, los posibles efectos medioambientales durante las diferentes etapas del ciclo de vida del producto. De modo que el centro de atención no es el producto en sí sino el ciclo de vida completo del producto.
El objetivo general consiste en reducir el empleo de materia prima y energía, así como el volumen de emisiones y residuos. Resumiendo, esto significa diseños que son buenos tanto económica como ecológicamente.
Estos tres objetivos principales pueden ser considerados como objetivos específicos del diseño en términos de las diferentes etapas de la vida de un producto.
Al final de este proceso llega el cierre del ciclo de vida, el reciclado del material: el producto puede ser diseñado de manera que pueda ser descompuesto de nuevo en sus materias primas después de haber sido usado, y que estas materias primas puedan ser procesadas en nuevos productos.
También es muy importante la elección y reducción de materias primas: el producto puede ser diseñado para reducir al mínimo los efectos medioambientales asociados a los materiales del producto durante su ciclo de vida. En otras palabras, evitar el empleo de materiales nocivos y escasos e intentar reducir al mínimo el volumen de material empleado.
Hay que elegir procesos de producción que exijan un mínimo de materia prima y energía y que produzcan el mínimo de emisiones nocivas y material de desecho durante la fabricación del producto y diseñar el producto para facilitar una forma de distribución más ecológica y económica. Como regla general, esto implica reducir el volumen y el peso al mínimo. Un ejemplo de esta tendencia es el sistema de envase integrado.
Se trata de diseñar el producto con una elección óptima de las funciones, construcción y componentes del producto, para que el empleo de energía y de materiales se vea reducido durante la fase de utilización y diseñarlo de forma que cuando el producto o los componentes del producto ya estén listos para ser desechados, el volumen de los efectos nocivos de los materiales de desecho se reduzcan al mínimo. Un ejemplo son los envoltorios comestibles de chocolates y otros tipos de alimentos.
Para clarificar el objetivo a la hora de rediseñar un producto conviene realizar un análisis del ciclo de vida, ACV. En un ACV se determinan y evalúan los efectos medioambientales de un producto durante su ciclo de vida. Este análisis puede llevarse a cabo de forma cualitativa o cuantitativa. En algunos productos es evidente cual es su aspecto más nocivo, de forma que se procederá a un análisis cualitativo. En otros productos más complejos será necesario realizar un enfoque cuantitativo.
Se puede profundizar en el análisis ACV cuantitativo mediante programas informáticos. Un ACV nos ayuda a ver los problemas medioambientales creados por un producto de la forma más clara posible. Estos problemas se trasladan al diseño y a la estrategia del producto como en cualquier otro proceso normal del diseño de un producto.
La conducta del usuario juega un papel importante durante las tres etapas del ciclo de vida de un producto: en el momento de tomar la decisión sobre qué producto comprar, en la etapa de su uso y cuando decide el momento de desecharlo.

A modo de conclusión

El ecodiseño proporciona ventajas de comercialización de los productos, tanto en imagen como en valor de mercado. Con él se reduce el precio de coste del producto, al reducir el material y energía y lograr una distribución más eficaz.
Se reducen los gastos totales en los que se incluyen los menores gastos en materiales de desecho y emisiones, residuos sólidos y químicos, y reducción en los costes de transporte de residuos.
El ecodiseño consigue prevenir los daños ambientales, es un buen punto de partida para introducir innovaciones y logra la conformidad con la legislación.
Conseguir estas ventajas exige integrar los aspectos medioambientales en el proceso de diseño del producto. Un método por el que se pueda llegar a cabo esta integración debería formar parte de todo proceso de diseño.

Más información:
Cristina Ventura
Tel. 961 369 000
www.uch.ceu.es

   

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